Orientación dialéctica
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2.1. Orientación dialéctica

 

La especificidad de la corriente fenogenetista en biología evolucionista es el carácter dialéctico de la relación entre el organismo y el medio ambiente. Según la ortodoxia neodarwinista el medio ambiente actúa como un seleccionador de individuos. También los individuos pueden modificar el medio, el cual una vez más actuaría seleccionando individuos. O sea, la relación entre el organismo y el ambiente es, en el mejor de los casos, bilateral. Para la corriente fenogenetista las interrelaciones entre medio ambiente y organismo no terminan en la bilateralidad, sino que se considera que organismo y medio coevolucionan conjuntamente, lo cual permite que la actividad vital del organismo -el fenotipo actuante- seleccione los elementos del medio, construya el medio a sus intereses, y con ello, modifique el curso de la evolución. Este papel activo del organismo sobre el medio -que era la posición de Lamarck- pasa a ser "legitimado" al interior del organismo por vía genética y al exterior, legando a las futuras generaciones un ambiente modificado. Esto ya había sido anunciado por Baldwin sobre fines del siglo XIX,

...cambios comportamentales preceden y preparan la base para cambios evolutivos hereditarios fijos (Por, 1994:336).

Lewontin et al, (1987) resumen en cuatro los principales elementos que demuestran la interrelación dialéctica entre organismo y medio ambiente, y donde el organismo es el sujeto de los cambios: a) el organismo selecciona partes del mundo material. El nicho no es una agrupación arbitraria de elementos externos, sino una selección voluntaria y Construida; b) todo organismo transforma el medio. Crea y destruye las fuentes que permiten la vida en su proceso de metabolismo; c) los organismos alteran la naturaleza física de los estímulos ambientales. Los estímulos ambientales externos son percibidos por el organismo de diferentes formas. Modificaciones en la temperatura son percibidas como concentración de hormonas, o de azúcar en la sangre, etc; y, d) los organismos alteran el patrón estadístico de variación ambiental. Las fluctuaciones en el suministro de comida son, por ejemplo, eludidas por medio de mecanismos de almacenaje.

 

Desde los años cincuenta del siglo XX, una serie de investigaciones experimentales comenzaron a cuestionar el dogma central de la biología neodarwinista. La biología neodarwinista sostenía que la información genética sólo podía pasar del DNA al RNA y a las proteínas, pero nunca en sentido inverso. O sea, el comportamiento del fenotipo no podía tener efectos en la herencia. De allí que la relación entre medio ambiente y organismo era lineal: el medio seleccionaba -mediante restricciones- al organismo, consecuentemente los organismos seleccionados se reproducían más o mejor y así se conducía la evolución. La evolución era considerada exclusivamente una cuestión genética.

 

Contra el dogma neodarwinista, ciertas investigaciones comenzaron a mostrar que existen diversas formas a través de las cuales la información adquirida por el fenotipo puede ser here­dada, convirtiéndose en un mecanismo de la evolución. Estas formas pueden ser clasificadas en tres grandes grupos: a) las mutaciones dirigidas o adaptativas; b) los sistemas epigenéticos de herencia; y, c) la transmisión social de información (Jablonka et al, 1998). En las mutaciones adaptativas o mutaciones dirigidas, los organismos sujetos a determinadas restricciones ambientales sufren de mutaciones que no pueden ser explicadas por el azar -el azar es otra piedra fundacional del evolucionismo neodarwinista- (Moffat, 1989; Culotta 1994). Ya es bastante aceptado que los vertebrados superiores producen anticuerpos para ciertas enfermedades cuya información pasa a través de mutaciones no azarosas a los genes y es transmitida ala descendencia (Steele, Blanden, 1999). Los mecanismos epigenéticos son procesos a través de los cuales la información en lugar de registrarse en el DNA es especificada por otros procedimientos y puede ser heredada (Thieffry, Sarkar, 1998). Los mecanismos son de tres clases: de estado estacionario, estructurales, y marcas de cromatización (vía metilización o heterocromatización). Mediante estos mecanismos los genes son "marcados", o "limitados en su expresión" por procesos químicos desarrollados como resultado de estímulos externos. Con ello, no es sólo el medio que selecciona al organismo, sino que éste reactúa reencauzando la evolución (Jablonka et al, 1988). No obstante estos y otros resultados experimentales, el dualismo organismo/medio ambiente sigue prevaleciendo dentro del neodarwinismo. Esta escuela toma estos resultados aún como excepciones, o bien los va asimilando uno a uno sin incorporarlos al cuerpo de la teoría evolutiva.

 

A diferencia de esta concepción, la posición fenogenetista parte de la unidad dialéctica entre organismo y medio ambiente, donde el resultado evolutivo tiene múltiples agentes. La secuencia genética DNA - RNA - Proteínas es una de las posibilidades, pero el papel del fenotipo en la evolución, que se cristaliza en los mecanismos de herencia epigenética, en las mutaciones adaptativas, o en la construcción de un entorno favorable para su metabolismo y reproducción son también agentes evolutivos. Más aún, los agentes del proceso evolutivo no sólo deben buscarse internamente, en las leyes de la herencia genética, o en el comportamiento del organismo y las comunidades, sino también en la propia macro-dinámica de los procesos físicos externos. Eldredge (1999) argumenta que existen patrones en la evolución conducidos por cambios físicos externos a la propia vida, como pueden ser destrucciones naturales masivas causadas por huracanes, impactos externos, etc.

 

Para el dogma neodarwinista la reproducción biológica no es sólo el proceso a través del cual se transmiten los genes, y la base de la evolución, sino que termina siendo el objetivo mismo de vida de los organismos. Los organismos sólo viven para reproducirse. En su versión ultradarwinista son los genes que viven para replicarse. Con ello, todas las explicaciones acerca del comportamiento de los organismos, así como también de la funcionalidad de sus órganos y características, terminan estando en la voluntad de reproducirse y legar a las futuras generaciones su esencia genética.

 

En lo que se refiere al comportamiento esto es notorio. Los ultradarwinistas sostienen que todo el comportamiento económico es realizado con el propósito de servir a la reproducción. Para los ultradarwinistas los sistemas sociales (de aprendizaje) están subsumidos en las funciones reproductivas y pueden y deben ser reducidos a éstas.

 

Un ejemplo clásico es el estudio de los scrub jays (arrendajos) realizado por Woolfender y Fitzpatrick en Florida. Según este estudio los hijos normalmente se mantienen en el territorio natal ayudando (defensa y recolección) a los padres en la crianza de los siguientes hijos, en lugar de establecerse por su cuenta en un nuevo territorio para criar, como sucede con otros pájaros de la misma especie que viven en otras regiones. Es un ejemplo supremo de altruismo. Ayuda a los padres para que éstos se reproduzcan más y mejor. El argumento central del ultradarwinismo es que aquellos hijos que ayudan a sus padres logran 1.5 veces más crías que aquellos sin ayudantes. Todo gira en torno a la necesidad de estos pájaros de asegurar un territorio para la reproducción. Eldredge (1996) critica esta interpretación argumentando que el territorio no es sólo necesario para la reproducción, sino que también lo es para todas las actividades vitales. En sus palabras,

Pero el territorio tiene que ver fundamentalmente con recursos energéticos, y protección respecto de la predación. Dicha cuestión tiene, por supuesto, implicaciones reproductivas. Pero los arrendajos, en su vigorosa defensa del territorio están, en primera instancia y ante todo, asegurando que tendrán una adecuada porción del pastel económico. La moraleja de todo esto es la mención de Wollfender y Fitzpatrick de la sobrevivencia sólo de los ayudantes... sin embargo, es claro que, los compañeros que 'poseen' el territorio en un momento determinado también requieren la necesidad de existir. ¿Por qué es necesario sostener que su continua existencia es simplemente para alcanzar la próxima temporada de apareamiento?... el comportamiento territorial de los arrendajos de Florida es tanto económico como reproductivo y, consecuentemente, tiene que ver tanto con implicaciones económicas como reproductivas (Eldredge, 1996: 94).

Mientras el ultradarwinismo ve en la reproducción el único motor del comportamiento, la corriente fenogenetista reivindica al metabolismo con igual jerarquía.

 

Lynn Margulis discute que la reproducción sea el objetivo de la vida, y argumenta que es el metabolismo (o sea, la economía en los términos anteriores de Eldredge).

Los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela ven en el metabolismo la esencia de algo fundamental para la vida. Ellos lo llaman "autopoyesis" palabra derivada de las raíces griegas auto (propio) y poiein (composición, como en "poesía"). La autopoyesis se refiere a la continua producción de sí misma que caracteriza la vida. Sin este comportamiento autopoyético, los entes orgánicos no se mantienen a sí mismos (no están vivos).

... 

Ya hemos dicho que el DNA es una molécula de incuestionable importancia para la vida; sin embargo, no está viva en sí misma. Las moléculas de DNA se replican, pero no metabolizan y, por lo tanto, no son autopoyéticas. La replicación no es un rasgo vital tan fundamental como la autopoyesis, ni mucho menos (Margulis & Sagan, 1996:23).

La sociedad humana es la especie que ha llevado más lejos el papel predominante del comportamiento del fenotipo sobre el medio y sobre la evolución. Más aún, es sobre la base de la herencia de información acumulada extra corporalmente en instrumentos, espacios construidos, y utensilios de todo tipo que la sociedad humana establece determinadas reglas sociales, no genéticas, de distribución de dicha riqueza material y de organización de su sociabilidad.

 

Pero, que la historia económica y social humana sean más importantes que su caudal gené­tico para entender el comportamiento presente, no significa que esa historia sea realizada de manera totalmente consciente -es decir, arbitraria-. Por el contrario, la distribución de la riqueza material genera determinadas relaciones entre los seres sociales más allá de su conciencia y / o voluntad, que se manifiestan como regularidades sociales, leyes sociales en forma de tendencias. Esta perspectiva, elaborada teóricamente por Marx, se opone claramente a la concepción de la economía neoclásica y la sociología subjetiva que adjudican todo el comportamiento a las motivaciones ideales conscientes de sus autores.

 

Un ejemplo de esta diferencia está en una de las ampliamente mencionadas causas de los problemas ambientales contemporáneos. Es común escuchar o leer que el crecimiento ilimitado de la producción capitalista se enfrenta, hoy en día, con los límites físicos externos de un ecosistema Tierra incapaz de reciclar todos los desperdicios o bien de satisfacer la demanda de recursos naturales. En este enunciado se plantea una contradicción entre un sistema natural y un sistema social. Para el pensamiento económico neoclásico dicha conducta es un resultado de la mente. Daly, que aunque es un representante de la economía ecológica piensa en esto como neoclásico, adjudica esta tendencia de producir ilimitadamente a las escuelas de pensamiento en lugar de a la propia realidad,

...el crecimiento continuo, tanto de la capacidad (acervo) como del ingreso (flujo) es parte esencial del paradigma neoclásico del crecimiento. Mas, en un mundo finito, el crecimiento continuo es imposible... el supuesto tácito y a veces explícito de la manía del crecimiento keynesiano-neoclásico es que las necesidades totales son infinitas y que se deben satisfacer tratando de lograr que la producción total sea infinita... (Daly, 1989:15)

Marx, mucho antes, había explicado, retomando en esto el pensamiento de Aristóteles, que toda producción mercantil -y la producción capitalista es la expresión más extendida de la producción mercantil- obliga a la producción ilimitada de mercancías. Mientras las sociedades con producción directa para el uso limitan su producción una vez que las necesidades están saciadas, los productores mercantiles no producen para satisfacer necesidades directas, sino para obtener una ganancia, algo que no tiene límites, ya que se trata de montos cuantitativos de dinero siempre incrementables. Así, la producción ilimitada no es una cuestión natural de la especie humana, sino fruto de un desarrollo histórico, y que tiene como esencia la producción para el mercado, o sea relaciones sociales de producción específicas, y no una contradicción con la naturaleza. Además, el problema no es genérico -de la sociedad como un todo- sino exclusivamente de las clases dueñas de las empresas y que producen para obtener lucro. Dentro de esa misma sociedad, los trabajadores no tienen responsabilidad alguna respecto de la producción ilimitada. Por ello, el análisis de la cuestión ambiental cobra, bajo esta perspectiva, un rumbo diferente: de una contradicción externa entre sociedad y naturaleza, se pasa a una interna, entre clases y grupos sociales.

 

Para el neodarwinismo el organismo compite con sus pares en la lucha por la sobrevivencia. Esta competencia se extiende, también a las especies. El ultradarwinismo ha llevado esta competencia del individuo al gen (teoría del gen egoísta). La cooperación, cuando se reconoce, se da entre organismos y entre especies (mutualismo, simbiosis, parásitos, etc.) como un agregado al eje central metodológico de la competencia y un derivado de ella. Las relaciones de cooperación, en la medida de su confirmación empírica, van siendo agregadas una a una al cuerpo central basado en la competencia. Además por lo general sólo es reconocida la cooperación entre dos especies, pero no formas de coevolución a nivel más elevado que la especie, como los reinos, phylas, etc. A diferencia de la cooperación, la competencia tiene status de principio fundamental ya demostrado, en lugar de suma de casos concretos.

 

Para la biología evolucionista fenogenetista, competencia y alianza son dos expresiones del proceso evolutivo de igual jerarquía y muchas veces dos caras de un mismo proceso. A princi­pios de los años ochenta del siglo XX, Lynn Margulis propuso que el surgimiento de las células con núcleo (eucariotas) se había dado como resultado de la simbiosis (cooperación) de bacterias procariotas. El resultado de la crisis del alimento orgánico pre-existente a la vida habría dado como resultado la integración de bacterias, la división del trabajo y el surgimiento de una nueva célula (eucariota) con núcleo y capacidad para reproducirse de forma sexuada, para utilizar el oxígeno -antes tóxico- como medio de energía, para alimentarse, etc. Hoy en día esta interpretación del mecanismo simbiótico como explicación del surgimiento de las células con núcleo es ampliamente reconocida. Margulis y Sagan escriben:

La competencia, en la cual el fuerte gana ha recibido mucha mejor prensa que la cooperación. Pero ciertos organismos superficialmente débiles han sobrevivido formando parte de entidades colectivas, mientras que los presuntamente fuertes, al no haber aprendido el truco de la cooperación, fueron arrojados a la pila de residuos de la extinción evolutiva (Apud, Briggs y Peat, 1989:155).

Existen muchas formas de "asociación" entre especies, tantas como de competencia. Hay formas de mutualismo entre insectos y plantas con flores, entre árboles y pájaros, entre plantas y hongos, entre hongos y algas, parásitos que mutilan otros organismos, que restringen la acción de ciertos genes, etc. Asociaciones que implican el desarrollo de diferentes procesos químicos al interior de los organismos. Los mecanismos de transmisión horizontal de información genética no podrían darse sin la coevolución de las especies en juego. Para analizar la evolución de los ecosistemas, estas formas de coevolución son de fundamental importancia. Por (1994) sostiene que en el ámbito de los ecosistemas funciona el principio de la parsimonia. Este sugiere que si ciertas capacidades son desarrolladas por algunos organismos, su duplicación en otros resulta innecesaria. Esto significa el reconocimiento que en el ámbito de los ecosistemas existe una división biológica del trabajo entre organismos, entre especies. y aún entre reinos y phylas. La conclusión de Por es:

El aislamiento geográfico es generalmente visto como el primer promotor de la diversificación. Está lejos de ser el único y más importante creador de riqueza taxonómica. La diversificación debida a la especialización coevolutiva es de mayor significación que la especiación geográfica. Las adaptaciones coevolutivas pueden tener una mayor importancia en generar y definir taxonomías de nivel medio, tales como órdenes y familias (Por, 1994:261).

Contra la versión neodarwinista de que la biodiversidad tiene su origen principalmente en el aislamiento geográfico (donde la competencia entre especies diferentes es menor o inexistente), debe pensarse en un mecanismo múltiple, donde la diversificación de las especies no es sólo resultado de modificaciones en la competencia, sino también fruto de la asociación y coevolución.

 

El pensamiento marxista también rescata esta multilateralidad de las relaciones. La lucha de clases, que es el mecanismo fundamental de explicación del movimiento de la historia, refleja por un lado la contradicción entre las clases explotadas y explotadoras, al tiempo que la unidad y alianza de las fracciones de las diferentes clases. Para Marx, la historia de la sociedad humana muestra una evolución hacia formas de asociación consciente cada vez más amplias, hasta llegar a la desaparición de las clases y su sustitución por contradicciones que no impliquen explotación.

 

Por otra parte, el propio funcionamiento del sistema capitalista es la expresión más clara de esta combinación de contradicción y asociación simultánea. Por un lado, la contradicción entre las clases explotadas (proletariado y otras clases explotadas indirectamente), y la burguesía y otras que viven del excedente. Pero, al interior de estas clases está el proceso de alianzas, dadas no sólo conscientemente sino por la propia dinámica. La alianza, cooperación o coevolución no es un resultado ni tiene por qué ser un resultado consciente, -aunque puede llegar a serlo-sino un resultado material fruto de regularidades socioeconómicas. Un ejemplo es la ley de la ganancia, donde un sector de las clases dominantes, la burguesía industrial, es la que extrae el excedente de forma directa mientras que las otras fracciones de la burguesía (comercial, financiera) y la clase terrateniente viven del reparto de dicho excedente en un proceso totalmente espontáneo e inconsciente de redistribución del plusvalor.

 

 

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Educación Ambiental

Ing. Agr. Alvaro González - 2003